Ahora, en las vísperas de las fiestas, es cuando comienzan los acuerdos entorno al menú con el que se celebrarán las comidas de Nochebuena, Navidad y Año Nuevo.

Sin embargo, el pan dulce es –sin duda alguna– la única elaboración que no entra en discusión si formará parte del banquete o no.

Entre tantas tradiciones en esta época, la de degustar un panettone –como originalmente se denominó a esta preparación– sigue fuertemente arraigada y conserva su encanto. De hecho, tan emblemático y simbólico es el pan dulce en Navidad, que normalmente no se consigue y, por lo tanto no se consume, en otro momento del año.

En Argentina y con variaciones en su manera de elaboración o presentación, el pan dulce tiene una base de pastel confitado, de forma cilíndrica, y con ingredientes muy comunes como harina, levadura, huevos, azúcar, pasas, frutas abrillantadas y, en muchos casos, chocolate. Si bien, esta misma preparación cambia según los distintos países, su origen es uno solo y cuenta la misma historia.

Una historia proveniente de Italia

Hay, por lo menos, dos versiones acerca de cómo se logra (sin querer) el primer pan dulce. Ambas tienen origen en Italia, donde se lo sigue conociendo como panettone.

Una de las historias, la más difundida, asegura que un panadero llamado Toni creó un pan con frutas para agasajar a Don Ludovico il Moro, un poderoso Duque de Milán, durante la cena de Nochebuena. A ese pan lo comenzaron a llamar “el pan de Toni”. Con el transcurso del tiempo se fue modificando la pronunciación y quedó “il Panettone”.

La otra, relata que este postre nació alrededor de 1490, cuando un joven aristócrata llamado Ughetto Atellani de Futi, se enamoró de la hija de un pastelero de Milán.

Para demostrarle su amor se hizo pasar por aprendiz de pastelero e inventó un pan azucarado con frutas confitadas y aroma de limón y naranja. Los milaneses empezaron a acudir en masa a la pastelería a pedir el “pan de Toni”, ya que así se llamaba el ayudante.

Lo cierto es que el panettone llegó a Argentina con los inmigrantes italianos, quienes comenzaron con una pequeña producción para continuar con sus tradiciones.

Fue León Antonio Marcolla quien, en 1895 y con 14 años, arribó a Buenos Aires, comenzó a trabajar en la confitería de un pariente y se le ocurrió vender el Panettone en canastas de mimbre puerta a puerta. Allí, comenzaría el éxito de esta exquisitez.

A continuación, la típica receta del pan dulce argentino para agasajar en estas fiestas y repetir la experiencia durante todo el año.

Manos a la obra: Pan dulce argentino

Comensales: 6
Tiempo estimado de preparación: 4 horas
Dificultad: alta

Ingredientes
500 grs. de harina
20 grs. de levadura de panadería
125 grs. de azúcar
125 grs. de mantequilla
3 huevos
70 ml. de leche
1/2 cucharada postre de esencia de azahar
1/2 cucharada postre de esencia de vainilla
1/2 cucharada postre de sal
80 grs. de nueces
60 grs. de arándanos secos u otras frutas secas y o abrillantadas a gusto

Elaboración

Como primer paso, reunir todos los ingredientes para elaborar el pan dulce argentino.

Luego, en un bol grande mezclar la harina, la sal, la levadura, el azúcar y la mantequilla a punto de pomada. Mover con la mano mezclando todos los ingredientes hasta que se integren bien.

En otro recipiente mezclar los huevos batidos con la leche y las esencias.

Posteriormente, incorporar la mezcla de huevo con la de harina y crear una masa con las manos para poder continuar con la receta de pan dulce.

Listo este paso, tapar la masa y dejar reposar durante 2 horas.

Pasado este tiempo, extender la masa con las manos y agregar las nueces picadas y los arándanos.

Enrollar el pan dulce como si fuera un brazo de gitano y cortar la masa en 3 porciones iguales.

Luego, colocar cada masa en un molde para Pan Dulce o Panettone.

Por último, hacer una cruz con un cuchillo y dejar reposar durante 1 hora. Pintar con leche cada porción y llevar a horno a 130ºC durante 1 hora y media aproximadamente.

En la misma bandeja del horno, introducir un recipiente con agua para que el pan dulce no se seque demasiado.

Panettone en el mundo

Algunas particularidades de los panettone más conocidos en el mundo:

En Europa Central, sobre todo en Alemania, es típico el Stollen, cuya masa muy pesada adquiere, según las regiones, distintas fragancias.

El Kletzenbrot o Pain de Poires se come principalmente en las aldeas de Baviera y Austria. Este pan regional, llamado también Tirolés, lleva peras secas, higos y ciruelas.

En Francia es muy popular el Bûche o Tronco navideño, hecho con una delicada plancha de bizcochuelo y crema de manteca al chocolate, al café o a la castaña. Se decora simulando un tronco y su forma alude a una tradición pagana: un tronco ricamente adornado se quemaba y luego se esparcían sus cenizas por el campo para ahuyentar las enfermedades del ganado y atraer el bienestar general. La Bûche, es también tradicional en algunas regiones de Italia, donde se lo conoce como: Tronco di Natale.

En países como Rusia se estila hacer masitas de miel llamadas Speculatius, muy condimentadas y con las formas de figuras navideñas. Se preparan sobre un molde de madera de haya.

Para la Navidad, el ortodoxismo ruso destaca como elemento dulce la Kutiá, una exquisita mezcla de miel, trigo, frutas secas o confitadas y azúcar, rociadas con leche de amapolas, que se come en la vigilia de la Nochebuena.

En Suiza son conocidas las Delicias de Basilea, cuya masa se deja reposar siete días antes de hornearla para que se concentren sus sabores.

En la tradición anglicana, encontramos el Plum Pudding, un típico postre que en su antigua fórmula contenía grasa de cerdo, huevo, azúcar rubia, fruta glaseada, ciruelas, zanahorias, miga de pan y especias. Se cocinaba por horas al vapor y luego, rociado con ron, se encendía como estrella fulgurante en la mesa navideña, para después ser servido con una salsa de manteca batida al brandy.

Fuente: lasrecetasdezaida.com.ar