Las importaciones son fundamentales para la actividad económica dado que la gran mayoría de los bienes que se producen localmente requieren de algún componente importado, ya sea un insumo o una máquina para poder fabricarlo. Son esenciales para expandir el PBI ya que, sin esas importaciones, las empresas no pueden producir y por lo tanto no se puede aumentar la producción. Existe una estrecha relación entre las importaciones y la actividad económica porque cuando se produce más, las importaciones se incrementan, y viceversa.

Por detrás de esta relación existe otra variable que también está vinculada y es la que da lugar al comportamiento cíclico de la economía, el tipo de cambio. La explicación es bastante intuitiva: en momentos de excedentes de dólares el tipo de cambio tiende a abaratarse lo que permite el aumento de las importaciones y de la actividad económica. Claro que eso tiene un límite bien definido: a medida que se incrementan las importaciones los dólares empiezan a escasear. Tarde o temprano eso deriva en una devaluación del tipo de cambio, que encarece los insumos importados, trasladándose a los precios. El salto inflacionario lleva a la contracción de la actividad económica y a una caída de las importaciones, reiniciando el ciclo.

En algunos períodos puntuales la relación entre las importaciones y la actividad económica puede no ser tan estrecha, más que nada por cuestiones financieras vinculadas con las expectativas de los importadores sobre la evolución del dólar y/o a la decisión del gobierno de turno de tratar de contener dichos aumentos. Esto es lo que sucedió en 2020 cuando las importaciones se redujeron en línea con el PBI, aunque dicha caída fue menor respecto de años anteriores. Al comparar estas variaciones, se observa una relación bastante estrecha entre ambas variables en todos los años que, si se hubiera mantenido en 2020, debería haber arrojado una caída de las importaciones superior al 50%.

La elevada dependencia importadora queda en evidencia al analizar los principales elementos que componen las importaciones. Casi el 75% de lo que se importa está vinculado directamente con los procesos productivos: bienes de capital, bienes intermedios, y piezas y accesorios para esos bienes de capital. Mientras que el 25% restante se reparte entre bienes de consumo final, combustibles y automóviles. Es importante aclarar que la dependencia importadora es un reflejo de la falta de complejidad y desarrollo de todo el entramado productivo, y no el resultado excluyente de la actividad industrial.

Esto se puede comprobar al desagregar las importaciones de origen industrial, pero diferenciando por el sector que realiza dicha importación. Así se puede observar que, si bien la mayoría de las importaciones de origen industrial son efectuadas por la industria, una buena parte es realizada por los consumidores directamente, la construcción, el sector público y el primario.

Lo anterior muestra que la producción argentina tiene una elevada dependencia importadora, cuya consecuencia es que la actividad económica esté atada a la evolución del tipo de cambio. En el contexto actual de escasez de divisas eso pasa a ser parte del problema porque cualquier atisbo de recuperación económica llevaría al incremento de las importaciones y de allí al aumento de la demanda de dólares, presionando al alza al tipo de cambio.