Marcharon todos los 15 de cada mes. Se encadenaron en Plaza de Mayo durante 52 días para que no los olviden, para que los sigan buscando. Cubrieron, también, los casi 500 metros del frente de la Base Naval de Mar del Plata con banderas argentinas, imágenes del submarino y los nombres y caras de los 44 tripulantes que el 26 de octubre de 2017 zarparon a bordo del ARA San Juan hacia Ushuaia y nunca más volvieron. Los familiares de los submarinistas fueron, en este año y dos días de búsqueda, ejemplo de resistencia y perseverancia.

A 48 horas de cumplirse un año de la desaparición de la nave, y de realizarse en Mar del Plata la ceremonia que contó con la presencia del presidente Mauricio Macri y el ministro de Defensa, Oscar Aguad, gran parte de ellos todavía se encontraban en la ciudad cuando recibieron la noticia que tanto estuvieron esperando: la empresa internacional Ocean Infinity, contratada por el Estado el pasado agosto, había encontrado al submarino.

Si bien la noticia comenzó a trascender en los medios de comunicación minutos antes de la medianoche, y fue confirmada recién durante la madrugada con un comunicado oficial de la Armada Argentina, autoridades de la Fuerza ya habían advertido a los familiares, cerca de las 7 de la mañana del viernes, que había grandes posibilidades de que el último punto de interés detectado por el buque responsable del rastrillaje fuese el ARA San Juan.

Así fue que, aún conmocionados por una jornada de jueves marcada por la ausencia de sus seres queridos y la incertidumbre de 365 días por no saber a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió, las familias decidieron aferrarse a la esperanza, una vez más, y aguardar.

La espera de los familiares en Mar del Plata se dividió en dos grupos. Por un lado un conjunto, más numeroso, aguardó las novedades en el hotel Tierra del Fuego, ubicado en la costa entre Luro y 25 de Mayo. Otro, más reducido y conformado por los familiares de cargos jerárquicos más altos -en su mayoría oriundos de Mar del Plata- se estableció desde el viernes en la Base Naval y mantuvo comunicación directa con los familiares que se encontraban a bordo del buque de Ocean Infinity.

Desde el primer momento, tanto la jueza Marta Yáñez, que lleva adelante el caso de la desaparición, y las autoridades máximas de la Armada, exigieron una sola condición a todos aquellos al tanto de las novedades: que no se filtre nada a la prensa y que la primicia de todos los detalles la reciban los familiares.

El momento del anuncio

Cerca de las 22 del viernes, en los pasillos del hotel Tierra del Fuego ya se comenzaba a notar un movimiento poco habitual, algo percibido sobre todo para aquellos familiares que desde el año pasado se encuentran establecidos en el lugar con la ilusión de ser sorprendidos con la noticia de la aparición.

Según señalaron algunos familiares que estuvieron en el lugar, los mensajes en los grupos de WhatsApp comenzaron a circular entre los huéspedes, y lo que hasta el momento parecía simplemente un trascendido, cobraba fuerza con el correr de los minutos.

A las 23, el informe de la Armada llegó y el hallazgo del submarino ya era una realidad.

Lo que ocurrió inmediatamente después era de esperarse. La escena del anuncio se completó con el llanto desolador de familiares y amigos que recibían la noticia con contradicciones naturales: por un lado, la noticia de la aparición del buque llegaba para cerrar un año de dolor e incertidumbre pero por el otro, cualquier tipo de esperanza o fe se terminaba de disolver y una nueva despedida volvía a cubrir a las decenas de familias de los submarinistas.

“Qué más desearía que poder ir a buscarte vivo. Que Stefano corra a abrazarte. Un año. Morir dos veces”, publicaba en Twitter Jessica Gopar, viuda de uno de los tripulantes. “Siento un dolor inmenso”, declaraba a LA CAPITAL Rosa, la madre del teniente desaparecido Fernando Mendoza.

En el hotel, algunos familiares sufrieron descompensaciones tras recibir la noticia, por lo que tuvieron que ser asistidos por personal de urgencias que acudió al lugar. Por la mañana, una ambulancia seguía presente en el acceso principal del hotel.

Los detalles del hallazgo

Bajo una lluvia torrencial que azotó a la ciudad en las primeras horas del sábado, comenzaron a llegar al hotel de la Armada las familias marplatenses que se habían retirado a descansar al menos unas horas tras conocida la noticia.

En un clima de angustia e incertidumbre, algunos llegaban envueltos en las banderas argentinas que contenían la imagen del submarino y que enarbolaban como un símbolo de lucha en el marco de una tragedia nacional sin igual.

Pocos se animaban a hacer declaraciones; muchos se disculpaban, agradecían el acompañamiento de la prensa, pero se retiraban en silencio, solo asegurando que la tristeza los había tomado por completo.

La quietud que dominó la mayor parte de la mañana se vio interrumpida cerca del mediodía, cuando los familiares fueron reunidos en uno de los salones del hotel costero para recibir de la mano del jefe de la Base Naval, Gabriel Attis, las últimas novedades de la aparición.

“Estas son partes de las secciones que se desprendieron y están a un costado”, señalaba Attis frente a una pantalla en la que se proyectaba la imagen de la proa de la nave, la vela y parte de la hélice, que se encontraba semienterrada. En el salón reinaba el silencio absoluto.

Tras brindar algunos detalles técnicos del estado y ubicación de cada una de las partes mostradas (indicó, por ejemplo, que la vela se encontraba recostada a babor), Attis aclaró que las imágenes se trataban de las únicas tres enviadas por la magistrada y que habían sido proporcionadas por Ocean Infinity.

“La empresa en este momento se encuentra todavía en el agua, sacando fotos como para poder integrar otras a éstas que ya tenemos”, señaló.

Minutos después, Attis se retiró el hotel, dialogó con la prensa unos minutos y se dirigió a la Base, donde replicaría lo señalado en las instalaciones de Luro y la Costa a los familiares allí presentes.

En el lugar, quedó la tristeza y comenzó, también, a aflorar el enojo entre algunos de los presentes, a los que la noticia no hizo más que fomentar las dudas y las críticas que les generaba el accionar de la Fuerza y el Gobierno nacional . Otros, quizás menos vehementes pero igual de sentidos, señalaban que se iniciaba ahora el camino concreto hacia la verdad y la justicia. Camino que caminarían juntos, como lo hicieron hasta ahora, como lo venían haciendo hace más de un año, y como lo hicieron todos los 15 de cada mes cuando, ante la desesperanza de ajenos, no bajaron los brazos.

Momento en que el jefe de la Base daba precisiones a las familias.

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Fuente: La Capital