“Piratas del Caribe: La venganza de Salazar”, la quinta película de la saga de aventura fantástica y piratas protagonizada por el siempre efectivo Johnny Depp en el rol del  con la que Disney busca revitalizar la franquicia, llega a los cines argentinos en formato 2D y 3D este jueves.

Iniciada en 2003 con “La maldición del Perla Negra”, la cuarta entrega de la serie, “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas”, hace seis años, pareció anunciar la sepultura cinematográfica de la saga, ante una poco alentadora recepción de la crítica y la caída de audiencia en un filme que había perdido muchas de las angeladas figuras de la trilogía inicial, pero Sparrow sobrevivió y ataca de nuevo.

Con dirección de los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg, Disney encaró una revitalización de la historia con un relato en el que un grupo de fantasmas liderados por el español Salazar (Javier Bardem) escapa de décadas de encierro en el “Triángulo del Diablo” para cazar a todos los piratas y así forzar a Sparrow a unirse con su eterno amigo-enemigo, el capitán Héctor Barbossa (Geoffrey Rush).

Quienes también reaparecen, aunque muy brevemente, son Elizabeth Swann y Will Turner (Keira Knightley y Orlando Bloom), y es su hijo Henry (Brenton Thwaites) quien pone en marcha la trama cuando se propone encontrar el tridente del dios del mar Poseidón para liberar a su padre de la maldición que lo ata al Holandés Errante por toda la eternidad.

La bella y brillante astrónoma Carina Smyth (Kaya Scodelario) no sólo le brindará la asistencia necesaria para interpretar las pistas y mapas que toda historia de búsqueda de tesoros necesita, sino que ocupará el lugar dejado vacante por Knightley y Cruz como la chica ruda, la “princesa que se salva a sí misma” que saludablemente Disney ha incluido durante los últimos años, en detrimento de sus históricas damas-en-apuros dependientes del músculo del hombre.

Una fugaz aparición de Paul McCartney como “el tío Jack” del personaje de Depp, en un guiño a quienes habían visto al guitarrista de los Rolling Stones, Keith Richards, interpretando a su padre en la entrega anterior, completan el elenco.

 

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Nacida como una atracción en el parque de Disneyland en Anaheim, California, en los ’50, donde Depp sorprendió el mes pasado a los visitantes caracterizado como Jack Sparrow y parado cual estatua en medio del recorrido, la saga hizo realidad un improbable camino de adaptación cinematográfica y ocupó desde 2003 un ambiente vacante en el género de aventuras de piratas.

En 2017 y casi sin espacio para sorprender, la remanida historia de filibusteros enfrentando todo tipo de peligros fantásticos en pos de legendarios tesoros buscaba hacerse fuerte sobre algunos elementos infalibles y así saciar la sed de entretenimiento de los fanáticos.

Un ritmo que no da pausa, circenses coreografías durante batallas a cañonazos, seres mitológicos, humor y la probada performance de Depp -ya encasillado en sus “bizarras” elecciones actorales- como el pirata siempre borracho, levemente afeminado y eterno desafortunado pero al que eventualmente todo le sale bien configuran una fórmula que promete llenar las salas argentinas.

El filme, con unos 320 millones de dólares de presupuesto, se apoya también sobre sofisticados efectos digitales, como los que fueron utilizados para rejuvenecer a Johnny Depp para presentar una versión adolescente de Jack Sparrow, y un potente nivel de producción.

Es que la producción de la película recreó especialmente en los estudios de Queensland, Australia, una colonial ciudad caribeña de Saint Marteen, incluyendo un banco entero del siglo XVIII, y 11 barcos construidos sobre bases con movimiento computarizado montados delante de pantallas azules inflables gigantes, que serían reemplazadas por el cielo y las olas durante la posproducción.

No sin cierta ironía, “La venganza de Salazar” fue víctima tan sólo días atrás de piratas informáticos que lograron vulnerar el sistema operativo de Disney y otras más de 300.000 computadoras en todo el mundo, que demandaban dinero electrónico o bitcoins para liberar el material digital.

En este caso, los delincuentes amenazaban con publicar la película libremente en internet por fragmentos a menos que se cumplimentara el pago.

Acostumbrada a lidiar con la difusión de películas y series de forma gratuita a través de internet, en lo que siempre fue una suerte de “robinhoodismo” de contenidos audiovisuales, la industria de Hollywood se encontraba ahora ante piratas menos altruistas.

De todas formas, el presidente y director ejecutivo de Walt Disney Company, Bob Iger, aseguró que la empresa que recaudó con las primeras cuatro cintas de “Piratas…” más de 3.700 millones de dólares en todo el mundo no negociaría ni pagaría un sólo centavo.

Fuente: Telam