Sin público visitante, por disposición de las fuerzas de seguridad, Ministerio recibió ayer a Mataderos en un partido que se presentaba como de vida o muerte por lo que se jugaba cada uno. Después de haber estado puntero de zona todo el campeonato, y con ventajas inalcanzables, el Decano de Quequén podía perder ese lugar por primera vez y resignar sus chances de clasificar a la instancia de semifinales de la Liga.

Como era de esperar, el partido se presentó duro hasta que se fueron acomodando en la cancha pero tuvo algunos minutos de buen fútbol en el primer tiempo, con muchas situaciones de gol y alguna que otra polémica.

Thomás López Prieto fue el encargado de poner arriba a Ministerio, tras una linda jugada de Fernández  Pego, y parecía que las cosas se encaminaban favorablemente para los dirigidos por Miguel López, si no hubiera sido porque en Mataderos juega Fernando Rodríguez. Otra vez, Ferchu fue amo y señor de cada una de las emociones adentro del campo.

Él lo empató de cabeza, luego de un mal cálculo del portero local, y así se fueron al descanso. Él lo dio vuelta en los albores del complemento, encontrándose en el medio del área chica con una pelota que venía peinada del primer palo después de un tiro de esquina izquierdo.

Y él, también, fue el responsable de dejar a su equipo con diez y el repliegue rojo de los últimos casi 25 minutos del partido. Mataderos empezó a aguantar con uno menos y Ministerio iba como podía. Con el goleador Fernández Pego lesionado también en ese tiempo, el técnico local buscaba variantes y mandaba a todos al ataque.

El Rojo lo aguantaba con personalidad y casi sin temores en el fondo, salvo por algún remate de Sueyro desde afuera, las corridas de Bolado o alguna avivada de Hugo Iragüen, pero con un Doña firme bajo los tres palos.

Y cuando el festejo parecía estar preparándose en el Barrio Norte, llegó lo impensado. El juez Leandro Benavidez dio cinco más y entre tanto remate errado uno salió al arco, el arquero de la visita dio un rebote al medio del área y el ingresado Davico, parado casi como un centrodelantero, aprovechó para empujarla a la red.

Eso desató la locura. La de un lado y la del otro. La local, porque festejaron a viva voz poder haber defendido la punta y tener las chances más vivas que nunca de clasificar a las semifinales; la visitante, porque varios jugadores entendieron que el arbitraje los había perjudicado y se le fueron al humo a la terna.

En fin, Ministerio empató pero ganó, y aunque tienen los mismos números que Mataderos lo favorece la ventaja deportiva de haber vencido en Barrio Norte en la etapa inicial del torneo. Quedará una fecha de sufrimientos y esperanza por delante y un único clasificado, y los dos tienen mérito.