Con un verdadero golazo, el 10 dejó con vida a un Mataderos que quiere pelear hasta el final por un lugar en los playoffs.

 

Verlo jugando con la pelota se ha transformado en una costumbre para los que visitan frecuentemente la cancha de 82 y 41. Para los otros, siempre es bueno aprovechar alguna ocasión en la que Mataderos juega de visitante para mirar, aunque sea de reojo y entre el alambrado, alguna genialidad de uno de esos enganches de los que escasean en el fútbol doméstico, de los que en cualquier momento y ante el mínimo descuido te dejan con la boca abierta.

Cuando Ferchu entra a la cancha con ganas de divertirse todos saben que es muy posible que algo distinto pueda pasar. Emblema, capitán y ahora goleador histórico de los de Barrio Norte, el 10 representa al potero. Al caño, al taco, al sombrero y a la rabona.

Pero es aún más que eso. Es quien lleva en alto el emblema de aquellos desconocidos a los que todavía nos ilusiona ver un fútbol alegre y distendido, un fútbol disfrutable. Así se convirtió en el ídolo de su club y, hoy, en la figura de la décima séptima fecha de la Liga Necochea de Fútbol.

 

Un gol para colgar en un cuadrito

Para no perderle pisada a Ministerio, el primero de la Zona B, Mataderos afrontó el pasado domingo un partido en el que todos lo daban como favorito pero que terminó costándole y mucho.

Enfrente tuvo a un Gimnasia, que batalló cada pelota del primer tiempo y en gran parte del complemento pudo resguardarse bien en su campo. Y cuando la tarde parecía complicarse se iluminó la varita mágica.

“En el primer tiempo, veía siempre adelantado al arquero, pero estábamos con un poquito de viento en contra y no quería pegarle para que no se avive. En el segundo, ‘Toti’ (Fernández) para una pelota de pecho y se la pido atrás. Justo me queda picando y la agarré como venía. Gracias a Dios salió bien la pelota y se metió en el ángulo”, cuenta Fernando Rodríguez sobre su gol, en una entrevista mano a mano con 2262.

Además, el referente del Rojo explica sobre el partido que “sabíamos que no iba a ser fácil, que iba a ser un partido duro, y salió como lo pensamos. Ellos por momentos jugaron bien al futbol y metieron. Nosotros sabíamos que si podíamos abrir el marcador de entrada se nos iba a hacer un poco más fácil, porque se nos iban a crear los espacios, pero no llegó el gol hasta el segundo tiempo”.

Ferchu, contento con la victoria, explica que “está bueno que hayamos ganado para que el campeonato se haga más lindo. La idea es alcanzar a Ministerio, que ellos se caigan en algún partido, porque todavía nos falta”.

 

 Los comienzos del crack

Ferchu se crió en el corazón del Barrio 9 de Julio, cerca de la plaza que alguna vez le hizo gastar las suelas de, al menos, una docena de zapatillas. Ahí también se inició en el fútbol infantil. Un día le tocó jugar un torneo de menores en la vieja cancha de Gimnasia, en el que participaron Racing y Boca y que él recuerda como “una experiencia espectacular”. Ni bien lo vio con la pelota en los pies, Daniel Gallo lo fichó para Palermo, aunque su estancia allí solo duró una temporada.

Como un hincha. Así vive los partidos el goleador.

A los 12 probó suerte en Estación Quequén. “Me había visto el ‘Hueso’ Vázquez, a quien le tengo un gran aprecio, pero jugué medio año y no me sentía cómodo porque tenía que viajar en colectivo y perdía mucho tiempo”.

Después, la historia conocida: a los 13 conoció a la familia Trobo y, como corresponde con esa situación, pidió su traspaso hacia el norte. “Me hice íntimo amigo de Santiago, que ahora es el Presidente del club y padrino de Valentino, mi hijo mayor, y nos fuimos para Mataderos”.

 

Grandes experiencias

Mechado con sus múltiples apariciones vistiendo la camiseta roja, Fernando jugó torneos regionales con varios clubes y tuvo algunas aventuras fuera de Necochea.

Y como deja buenos recuerdos por donde pasa, puede recordar cada una de esas lindas vivencia con una sonrisa. Luego de debutar a los 15 en la primera de Mataderos y convertido, sorpresivamente, en el goleador de aquel campeonato, el talentoso jugador se llevó su habilidad a Buenos Aires, donde lo recibió Chicago, el otro Mataderos de su vida futbolística.

“Viví una experiencia espectacular, pero tuve algunos problemas: perdí el documento”, dice entre carcajadas. “Jugué un partido con el certificado de nacimiento y, al siguiente, el mismo réferi no me dejó entrar a la cancha. Tardé dos meses en hacerlo. Un viernes me citan para viajar a Unión de Santa Fe, me retobé y me hice las valijas. Me llamaron para que vuelva pero no los quería ni atender, le decía a Santiago (Trobo) que se haga pasar por mí”.

Ese mismo año, Ferchu pudo haber tenido una experiencia internacional. Después de una prueba, lo llamaron para que se vaya a Malasia junto a Darío Miotti, pero su madre nunca le avisó. “Me lo contó recién cuando decidí volverme de Chicago, una noche cenando. Mi vieja pensó ‘a Buenos Aires me puedo tomar un micro pero a Malasia nadando no voy a llegar’, así que nunca me contó.

Amor de afuera. La gente de Ciclista también pudo disfrutar su magia.

Previa vuelta a Mataderos, el futbolista migró hacia la liga de Tres Arroyos para jugar en Huracán Ciclista y en 23 partidos hizo 24 goles. “Fue un año genial, donde nació un amor mutuo con la gente”. Quizás por ello, el 10 tuvo tres pasos por la institución de Gonzáles Cháves. “El último fue el año pasado. Un año excelente que quedó para la historia del club, porque entramos por primera vez en un Argentino”.

Ferchu tuvo la fortuna de disputar este tipo de torneos federales, además de con Mataderos y Ciclista, con otros tres clubes de la liga local: “tuve dos argentinos con Rivadavia, uno con Estación y otro con Villa”.

Si bien llama la atención que uno de los máximos ídolos de la historia roja haya vestido también la camiseta de su clásico rival, Fernando explica que “en su momento, cuando me vino a ver Ávila, sinceramente no sabía qué hacer. Pero la gente del club me convenció para que vaya, era como representar a mi club en Villa. Así que si fui, lo jugué y transpiré la camiseta como si fuera la de Mataderos”.

En ese Argentino Villa del Parque no logró la clasificación, pero al 10 siempre le va bien y está agradecido por el trato que recibió de la parcialidad negriazul. “Dejé muchos amigos: Raimondi, Pagano, Asa… Salvo cuando jugamos en contra, siempre me tratan bien”, se ríe.

Al rojo vivo

Desde pequeño ya se metió en el corazón del Barrio Norte. “Estoy en el club desde los 13, imaginate las historias que tengo para contar, aparte de haber jugado con una cantidad enorme de personajes”.

Ídolo. El reconocimiento de los hinchas llega cada vez que el 10 pisa la cancha de Barrio Norte.

“Andrés Trobo, otro de mis grandes amigos, siempre me dice que soy ídolo, pero yo no lo siento, yo me siento un amigo más. Soy de ir al club a tomar una cerveza y me encanta charlar con la gente grande, escuchar sus historias. Mataderos es mi casa. Mi segunda casa es esta (refiriéndose a su hogar), mi casa principal es el club”.

Cansado de hacer goles con la roja en el pecho y con imágenes suyas que quedarán grabados en las retinas de todo aquel que lo haya visto alguna vez con la pelota bajo la suela, el a veces volante creativo y otras delantero letal pudo conquistar tres títulos con la camiseta de sus amores.

“Para mí la mejor fue la última vez. El primer campeonato fue en el 2006, ganamos apertura y clausura, pero yo era chico y las vivencias son distintas. Ahí teníamos un equipazo, ese año se habían sumado Juan Escanciano, el ‘Iaio’ Basigalupe, el ‘Cabecita’ García, el ‘Bochita’ Luiz de La Dulce, el ‘Rusito’ Jensen, y además estaba el ‘Pastel’ (Cerica), el ‘Pirata’ (Trobo), el ‘Lele’ Ramón, un equipo hermoso, todos sabían jugar. Pero el último fue el mejor porque pude dar la vuelta con mi hijo, eso fue mundial”.

 

Esas cosas lindas que deja el fútbol

De andar humilde y con un ferviente amor por su familia, Ferchu tiene otro logro en su carrera deportiva, y no menor. Con el pasar de los años ha conseguido que lo aplaudan hasta los hinchas de los equipos rivales. “No me considero un tipo mala leche y que te traten bien de otros clubes creo que habla bien de uno”.

Ni mencionar las tremendas ovaciones que se desatan en la tribuna pegada a la calle 41 cuando en alguna ocasión le toca ser sustituido: “No todos tienen la suerte de que los ovacione la gente del club que aman. Eso a mí me enorgullece”.

Pasiones. La pelota y sus hijos, lo más preciado en la vida de Ferchu.

Repentino como en la cancha, a Ferchu enseguida se le ocurre contar algunas “cosas lindas” que le dejó su paso por el fútbol. En el podio de esas anécdotas, sin dudas, coloca la experiencia de jugar al lado de su hijo, en los clásicos amistosos a beneficio que organiza Mataderos durante el verano.

Un poco emocionado, destaca también el reconocimiento que le hicieron hace poco por haber entrado en la historia de Mataderos como el máximo goleador histórico, agasajo que pudo disfrutar con su familia adentro de la cancha. “Soy un convencido de que los reconocimientos deben hacerse en vida, porque merecen ser disfrutados por uno mismo”, afirma ya un poco emocionado.

 

 La forma de entender el juego

“Más de una vez me han levantado para arriba por tirar un caño, pero yo juego con mi hijo y le tiro un caño”. Sin ir más lejos, “el otro día le partí la boca sin querer buscando una pelota”, define el juego, fácil y talentoso.

“Si no la pasas bien no podes jugar al futbol. Hay q peores cosas en la vida para renegar. A mí me hace feliz tirar un caño, meter un pase y dejar cara a cara al delantero con el arquero, me divierte hacer un gol. Algunos piensan que yo entro a gozar o a jugar sobrando, pero esa es mi diversión. Yo, con que mis hijos estén bien de salud y pasarla bien adentro de una cancha soy feliz, lo demás no es nada”

“El otro día hablaba con Nico Mier (otro de los grandes amigos que le ha dejado el fútbol) y decíamos ‘qué fácil se ve el fútbol desde afuera’, pero adentro de la cancha no es así. Mi viejo jugó mucho al fútbol y me habla de las épocas, pero yo pienso que el fútbol es siempre igual, si vos se la das a un compañero por más que el otro corra más rápido es muy difícil que te ganen”.

El tema es ese, “tratar de pasarla bien, jugar y divertirse”, y eso es lo que hace Ferchu cada vez que pisa una cancha de fútbol. Por eso, hubo, hay y habrá enganche para rato.