Foto: CAYnet

 

Un justo campeón. Eso es Independiente de San Cayetano. Fue el número uno en la etapa de grupos y muy superior a sus rivales en los playoffs, incluyendo los dos partidos finales en los que disputó el trofeo con Rivadavia.

Ayer, desde muy temprano, el Juan Bautista Marlats se vistió de fiesta para recibir a un equipo que le brindó un año sensacional a la mitad futbolera de San Cayetano. Con un gran pasaje por el torneo Federal B y mostrando ser superior -sobre todo en la etapa final del campeonato- a todos los contendientes que le presentó el torneo doméstico, los dirigidos por Damián García hicieron vivir a su incondicional hinchada un 2017 lleno de éxitos.

En cuento a las finales que lo llevaron a levantar el trofeo, Independiente ya había mostrado ser más sólido y contundente que Rivadavia la semana pasada en el Panamericano, cuando lo derrotó por la mínima y haciéndole precio.

Y en la tarde de este domingo las acciones fueron similares. El Decano, esperanzado con un milagro que lo ayudara a dar vuelta la serie, salió a manejar el balón y tratar de generar situaciones de riesgo desde el orden, pero Azurmendi en una contra estrelló el balón contra el palo y pudo haber empezado a liquidar el pleito desde temprano.

A pesar de que con el correr de los minutos el nerviosismo iba en aumento, Berisiartúa pudo haber puesto en ventaja a Rivadavia en el primer cuarto de hora, pero apareció la figura de Costanzo, de los mejores goleros del campeonato, para salir rápido y despejar el peligro. Después solo fueron intentos solitarios de Abdala y Pérez o alguna corajeada de Corvalán, pero poco más.

Del otro lado, Independiente comenzaba a disfrutar de la ventaja y el apuro de Rivadavia. Así, con sendos remates desviados, pudieron anotar primero Aranda y luego Azurmendi; hasta que este último, cuando terminaba el primer tiempo, tiró un centro desde la derecha que rebotó en el brazo de Matías Pérez y Vómero no dudo en cobrar la pena máxima. Así, Giuntini, desde los doce pasos, empezó a liquidar la serie.

Foto: CAYnet

El segundo tiempo volvió a ser de Independiente. Jugando con la ventaja no dudó en esperar a Rivadavia para salir de contra. Antes de los 10, Azurmendi, Darroquy y Cortadi tuvieron sus oportunidades para convertir y ampliar el marcador, pero se encontraron con el esfuerzo de Oliver o la falta de puntería y la serie continuaba abierta.

Ahí fue que Pablo Fernández comenzó a mover el banco para ir con todo al ataque, pero el peligro seguía vinculado al área propia. Antes de los 25, Giuntini remató a las manos del guardameta visitante y Aranda sufrió las virtudes del 1 cuando intentó eludirlo para convertir.

Casi por decantación, a los 26 Darroquy se encontró con la pelota de cara al arco, tras un centro ejecutado desde la esquina, y solo tuvo que tocarla para poner el segundo de su equipo. Y cuando todo parecía definido, Ituarte, que había ingresado minutos antes por De Negro, clavó un zapatazo que se metió en el ángulo del portero local, devolviendo algo de esperanza al Decano.

Pero lo que siguió fue más de lo mismo. Independiente esperando a Rivadavia, sólido y seguro, y con alguna contra en la que Moreno no pudo vencer a Oliver. Independiente esperando el pitazo final de Vómero. Independiente esperando festejar.

Y así sucedió. Como se esperaba, el campeón fue el mejor. El de más jerarquía individual y mejor idea grupal. El experimentado y joven. El ordenado y certero.

El Chimango es el nuevo número uno del fútbol local y eso es justo, por eso, se permite festejar a lo grande.