Foto: Virginia Leo

 

Bien caliente. Igual que la serie de ida y vuelta que disputaron Rivadavia y Ministerio entre los dos últimos fines de semana, así terminó el partido de este domingo que depositó al Decano necochense entre los dos mejores equipos del campeonato y con serias chances de quedarse con el ansiado título de campeón anual de la Liga Necochea de Fútbol.

Los dirigidos por Pablo Fernández  tenían la misión de dar vuelta un resultado adverso. Y esa remontada no empezó ayer, sino en el segundo tiempo del complemento del choque de ida cuando descontaron a la mínima diferencia una goleada que parecía liquidar las acciones a favor de los de Quequén.

Las tribunas mostraron un gran marco de público. Foto: Virginia Leo

En la tarde de este domingo, el multicampeón local entró al campo perdiendo 3 a 2 en el global, nervioso y equívoco, pero sabiendo que con tan solo marcar un gol emparejaba la serie. El once de Miguel López pareció entender eso y trató de administrar bien la tenencia de la pelota y de lastimar con prudencia, sin descuidar su arco. Y pudo haber golpeado gracias a alguna contra de Darío Fernández Pego o los desequilibrantes arranques de Leandro Ramos.

Pese a no mostrar su mejor cara e incluso no haber generado casi situaciones, Rivadavia se encontró con el premio mayor, casi de casualidad, antes de que Lacasagne mandara a los elencos al vestuario. A los 40, Berisiartúa, de lo mejor de Rivadavia nuevamente, se escapó de su marca y tiró un centro que Elía -quién si no- mandó al fondo de la valla rival. Un gol clave, porque empató la serie pero por sobre todo porque tranquilizó un poco al local.

El segundo tiempo fue otra cosa, solo comparable con el primero por lo mal que se jugó. Ni bien empezado el complemento, Berisiartúa recibió un pase largo y tocó por encima del portero visitante, convirtiendo el gol que clasificaba directamente a Rivadavia y que Pablo Fernández utilizó como excusa -válida- para empezar a mover el banco y defender un poco más el resultado.

Luego hubo poco para destacar, Ministerio intentó ir pero, ya consumido, casi no pudo generar peligro. Ni siquiera pudo aprovechar la ventaja de quedar con un hombre más desde los 25, cuando el árbitro decidió expulsar a Juan Pérez por exceso verbal luego de haber sido amonestado por una falta en el medio de la cancha.

Entre festejos e incidentes, así terminó la semifinal. Foto: Virginia Leo

La figura de Mirco Oliver, al igual que en el inicio del partido, se agigantó y devolvió la firmeza a una defensa que no había sido tan segura en Quequén; y Rivadavia solo tuvo que dejar pasar el tiempo para festejar.

Una celebración que se vio opacada por incidentes protagonizados por ambas parcialidades y por la irresponsabilidad de algunos jugadores y de los cuerpos técnicos. Incidentes que no valen la pena resaltar; quizás así algún día se terminen y podamos entender que esto es un juego: que algunos se equivocan y otros aciertan, que unos ganan y otros pierden.

El multicampeón local nuevamente está en la última instancia después de seis años y espera por Independiente de San Cayetano, la final que todos esperaban.